Al sustantivo adictivo
Cuando un punto y final no viene muy valiente, se hace acompañar de otros dos que el cogen de la mano. Y el final que debía de ser barranco, caída y muerte, se convierte en brisa y aguas en calma gracias a tu rival. Los puntos suspensivos suelen preceder a todas las palabras importantes que comenienzan por la letra a. Ay, amor, a veces la sobrevalorada amistad. Y claro, tardas casi un mes en ver que la vida te ha cambiado de escenario, que también se producen sequías infinitas, que las montañas erosionan y las flores amarillas crecen ya en otros jardines.
Pero transcurre cada noche también, que la luna aumenta su tamaño, luna llena menguando la oscuridad. Y con la luz tenue una se ve mejor por dentro. El simple roce de las yemas de unos dedos grabaron a fuego una sentencia final en las partes más blandas de mi cuerpo, las que sin caparazón se juegan todo en el sorteo diario de la vida. Pero no rabio, ni sufro. Pienso que entre tanto cadáver es una suerte que alguien las mantenga vivas. Hoy me conformo con los caminos nuevos, los días más largos y soñar para despertar junto a quien quiera sin peligro de dolor.
Sacarle sentido a algunas cosas es sólo para los dioses. Aquel sustantivo adictivo que un día me retó, me ha demostrado que efectivamente todo esto es un juego, y que arriesgar, ganar y perder seducen y mueven la sangre. Hoy le devuelvo una media sonrisa a él, que anda mirándome desde la oscuridad, sentado en la silla de en frente. Sin duda ha sido el rival más elegante al que me he enfrentado nunca. Y el más bonito. Me ha ganado sí, pero esto me gusta y no hay oponente más peligroso que el que ya no tiene nada que perder. Yo digo vendetta, veremos qué nos cuenta él.
Gracias por estar aquí y esperar mi vuelta. Pido disculpas por la falta de explicaciones y el largo tiempo transcurrido. He vuelto y os entrego, de verdad, mi sonrisa más sincera