El café en diciembre no sabe igual. Como le pasa al chocolate. Lo caliente es mucho más caliente. Y lo frío, más frío. Ah! su manía de no echarse azúcar en nada. Me acuerdo de mis rabietas por tener la sangre alterada. De mi aquí te pillo, aquí te mato. Te alejaste tanto al fin, que conseguiste salvarte. De todo. De nada. Ni azúcar, ni las cuatro de la mañana y aún hablando. Ni las tardes, ni las noches, ni los pronombres invertidos. Lo tuyo es tuyo y lo mío, por favor, que sea de los dos. Tómame. Hablemos de Nietszche, llamémosle Nietszche a nuestro perro. No te duermas tan pronto. No te duermas nunca. Tengo exceso de glucosa, aún.
Tus besos ya sólo tuyos. Y mis defectos y mi falta de moral, me los quedé para mí conmigo.”Te entiendo. Lo entiendo todo”. Quería encender algo. Metía los dedos en el enchufe para que la chispa saltara, nunca quise un psicólogo, no. Me dan un poco de miedo. A veces me desespera tanta comprensión. Desde luego, anti- em-pática, antipática.
Ahora barro siempre para mi propia puerta. Las que cerré. Las que siempre quedarán abiertas. El ciclo se completó y la media naranja sigue medio llena. O medio vacía, según el día en que lo mire. El ascensor, sus cuatro esquinas, nos vieron nacer, crecer y reproducirnos. Lo otro también. Me pregunto si sigue subiendo y bajando, igual de bello. Me pregunto qué reflejará su espejo y si cumple su función. Como la vida misma, aunque huela a ratitos a cadáver.
Serás el poema más bonito de todo el invierno. Las estaciones no sólo se alimentan de los elementos. Invierno no sólo es agua helada y viento frío. El café en diciembre no sabe igual. Como le pasa al chocolate. Lo caliente es mucho más caliente. Y lo frío, más frío.