Nada

A veces todo lo mío se reduce a la querencia del tormento. Al deseo
del fin de esta paz que enturbia. Querencia, dolencia, apetencia de
huracán. Que se lleve todo lo muerto, que arranque lo vivo, que lo
haga volar. Me urge, me embauca su desgracia, la del cielo negro y
relámpagos, la de esta sed de aire fresco, de desmayo. Todo se reduce
a este ímpetu asesino de acabar con las mañanas, las sendas, el nacer
y el morir. ¡Con los segundos flotando en nada!

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